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martes, 6 de octubre de 2009



Conociendo al santo Cura de Ars

En la navidad de 1785, en Dardilly, un pueblo de las alturas vecinas a Lyon Francia.

Campos, prados, viñas… en el salón de una pequeña granja, una joven pareja, los Vianney, ella teje y él, las manos sobre las rodillas, ve chispear los sarmientos en la gran chimenea. Era una noche de fiesta, pero ellos están tristes. Por primera vez pasan navidad sin su pequeña Jeanne Marie, que tendría seis años.

Su hermano mayor y su hermano menor comienzan a hacer preguntas; la mamá explicó sin llorar que Jeanne Marie se había ido al cielo. Pero cuando no la ven brotan de sus ojos algunas lágrimas que ruedan por sus mejillas. Sin embargo esa noche se ha puesto a tejer sin llorar ni hablar, Matías Vianney mira las agujas del reloj que corren para atrapar el tiempo y dice:

-La llamaremos María Juana

Y la madre suspira y pregunta sonriendo:

- Y si es varón??

- Entonces, lo llamaremos Juan María

El 8 de mayo de 1786, nació en plena noche, un varón. A la mañana siguiente es llevado a la Iglesia y lo bautizaron con el nombre de Juan María.

En 1793 reina el terror, estalla la revolución. Juan María tiene siete años-

La Iglesia de Dardilly está cerrada, muchas veces su madre lo ha llevado a misa que un padre celebra a escondidas en un granero. Juan María no pierde ni una palabra de lo que dice el sacerdote.



Todos los días sale con su hermano menor de la mano para llevar a pastar a los corderos.

Juan María duerme en un rincón del establo con su hermano mayor y durante el día vuelve por allí para arrodillarse sobre la paja y decir: Dios te salve María….. delante de la pequeña imagen de la Virgen.

Cuando está de regreso en la pradera acompañado de los otros pastores, comienza a hablarles de “esos” temas que escuchaba con tanta atención, como una persona mayor.

A ese chico de baja estatura, ojos azules y gestos vivos ya le gusta jugar con el fuego que hace arder las almas.

En 1797 un sacerdote visita la familia Vianney, en un momento de la conversación se inclina sobre Juan María y le pregunta:

- ¿Y vos cuánto hace que no te confesas?

- Yo nunca me confesé, responde Juan María

- ¿Queres hacerlo ahora?

Juan María se arrodilla delante del sacerdote al lado del reloj de pie y tiene su primera confesión…

En 1799 Juan María tiene diecisiete años. Es un muchacho de baja estatura y poca fuerza, le cuesta maniobrar los instrumentos pesados. Pero este paisano que no parece gran cosa ya comienza a tener una profunda vida de oración, su trabajo, su descanso, todo lo ofrécela Señor y todo lo hace por su amor.

Ahora la Iglesia de Dardillo está nuevamente abierta, pero muchos se han olvidado el camino. Juan María se encuentra a menudo solo en ella. Cuando vuelve a agarrar su pico, en la puerta, ve que el pueblo sigue viviendo como cuando la Iglesia no era más que una tumba vacía.


Un día no soporta más este silencio y confía a su madre en voz baja:

-Mamá, quiero ser sacerdote

Su madre lo abraza apretándolo contra su corazón mientras murmura:

-Dios mío, qué dirá tu padre!!

- No dirá gran cosa. Alzará los hombros exclamando: ya se le pasará!

Como dos años después, “no se le pasó”, su padre termina por consentir, saben que el padre Balley, cura de Ecully, prepara jóvenes en el seminario.

Juan María tiene profunda devoción por san Juan Bautista, lo que lo lleva a adoptar el nombre de Juan María Bautista.





1806 desde hace muchos meses Juan María hace desesperados esfuerzos para aprender latín pero no adelanta. Ni el padre Balley ni sus compañeros consiguen meter en su cabeza las declinaciones latinas. El padre Balley siente compasión por él, pero se siente obligado a decirle:

- Si no sabes latín, jamás serás sacerdote.

Juan María comienza a dudar; será verdad que el Señor lo quiere como sacerdote?

Para verlo más claro decide hacer un peregrinaje. Su objetivo es la tumba de san Juan Francisco Regis. Parte a pie, mendigando su pan a lo largo de la ruta.

Cuando vuelve, cae en los brazos del padre Balley diciendo:

-Es absolutamente necesario que yo sea sacerdote.

En 1809 Juan María termina por familiarizarse con el latín, pero tendrá que enfrentar ahora sus clases de filosofía.

Pronto estalla un nuevo drama. A pesar de estar exento de los deberes militares por ser seminarista, se produce un error en las listas de reclutamiento y debe incorporarse al ejercito. Después de dos periodos de enfermedad en que estuvo hospitalizado deberá partir a la guerra contra España. Sin poder alcanzar la retaguardia de su columna permanecerá como desertor en el pueblo de Robino hasta la amnistía concedida por Napoleón, retomando sus estudios de latín.

En 1812 el vicario general lo llama a Ordenarse. La gracia de Dios haría el resto.

En 1818 en el mes de enero el padre Juan María sabría su nuevo destino ARS.

Una región que no parece nada cristiana, no presenta grandes esperanzas para las autoridades escleciales que deciden mandar allí a los sacerdotes que consideran menos capaces y se imaginan que el padre Vianney es uno de ellos.

Ars no es siquiera una parroquia, es una capellanía que cuenta con poco más de 200 habitantes, sin duda el último puesto de la diócesis.

El padre Vianney diría: “Muéstrame el camino de ARS, y yo te mostraré el camino del cielo”.

Al llegar a su nueva parroquia, el padre Vianney se tira de rodillas en el camino, la gran batalla de la conversión…comenzaba.

Los habitantes de ARS son verdaderamente unos paganos. Son más bien cristianos que habiendo perdido el camino de los sacramentos, perdieron al mismo tiempo, el amor al Señor, el respeto por su propia alma.

El pueblo cuenta con cuatro cabarets donde hombres se emborrachan a diario, en primavera muy cerca de la iglesia y del cementerio se organizan bailes donde la gente se desentiende de la vergüenza.

Arregló la descuidada capilla para celebrar dignamente el culto, entró en contacto con la gente, predicó… y sobre todo predicó con su ejemplo.

Vive en extrema pobreza, reza día y noche, horas de pie frente al sagrario, se mortifica, vive un profundo amor a la Eucaristía. El nuevo cura de ARS se propuso un método triple para cambiar a las gentes de sus desarrapada vida. Reza mucho. Sacrificarse lo más posible, hablar fuerte y duro

Durante años solo se alimentaría cada día cocinando los lunes una docena y media de papas, que le alcanzarían hasta el jueves, ese día cocinaría la misma cantidad que le durarían hasta el domingo.

“Mis verdaderos amigos son aquellos que se postran como yo en la oración como granos de la misma espiga unidos en la espera de convertirnos en pan.”

Hace ya cinco años que el padre Vianney es el cura de ARS, las cosas han cambiado mucho. Algunas familias han vuelto a la practica religiosa.

En 1824, el padre Vianney acaba de abrir una escuela de señoritas gratuita.

El cura de ARS no solo se consagra a sus parroquias sino que también a los demás sacerdotes, dispuesto a reemplazar o a ofrecer sus servicios para las misiones y fiestas parroquiales.

A diez kilómetros a la redonda se comienza a hablar del santo cura de ARS y vienen a escucharlo predicar y confesarse con él.

Además algunos hechos extraños harán hablar del cura. Muchas pruebas suceden y el padre Vianney se convence de que todas sus manifestaciones extrañas son obra del demonio.

Para toda Francia el cura es un santo, un santo que atormenta el diablo y que probablemente ve al Señor.

“Que gran cosa el sacerdote, si él se percatara de ello, moriría…Dios le obedece, dice dos palabras y nuestro Señor desciende del cielo”.

Vive un profundo amor a la Eucaristía e intimo diálogo con Dios.

Al volverse famoso mucha gente lo critica. El obispo envía un visitador para que oíga sus sermones y le diga las cualidades y defectos que tienen. Al regresar el prelado le pregunta:

-Tienen algún defecto los sermones del padre Vianney??

- Sí, señor tienen tres defectos: son muy claros, muy duros y fuertes y siempre habla de los mismos temas: los pecados, la muerte, el juicio, el infierno y el cielo.

-Y tienen alguna cualidad??

-Sí, una: los creyentes se conmueven, se convierte y empiezan una vida más santa de la que llevaban antes.

El obispo satisfecho y sonriente explicó:

-Por esta última cualidad se le pueden perdonar al párroco de ARS los otros defectos.

Un santo que penetra las almas y cura los cuerpos, un santo que con una mirada convierte a los no creyentes. El padre Vianney sabe entenderse con la gloria, sigue siendo el mismo pequeño y humilde sacerdote que siempre ha sido. Su fe no es ni más ni menos viva, ni más ni menos ferviente.

La escuela de señoritas creada por el cura de ARS, crece.

En 1843 el peregrinaje hacia ARS llega a su cumbre, las multitudes sitian el confesionario del santo sacerdote.

Qué en ARS nadie iba a misa??

Pues él reemplazaba esa falta de asistencia, dedicando horas y más horas a la oración ante el Santísimo Sacramento.

De golpe bailes y cabarets han visto disminuir notoriamente sus clientes.

En la madrugada del 4 de agosto de 1859 muere el padre Vianney. Tenía poco más de 73 años y era párroco de ARS desde hacia 41 años. Durante dos días la multitud , que duerme a la intemperie, desfila sin interrupción delante del cuerpo del santo cura.

Tres años después comenzará su proceso de beatificación.

En 1925 sería inscripto en el catalogo de los santos por el Papa Pio XI

Su cuerpo descansa incorrupto en su ARS

Juan Pablo II en su visita a ARS, ante seminaristas y fieles reconoce una vez más el amor a Cristo de San Juan María Vianney, su mortificación, su entrega y fidelidad a Dios, que ha de ser modelo para todos los sacerdotes del mundo.




Himno al Santo Cura

San Juan María que en el Amor fraterno

Sostenido por la Gracia de Dios

Transformaste desde Ars los corazones

Mira los nuestros, necesitan conversión.


Sacerdote humilde y consagrado

Que alentaste a todo pecador

A confiar en la gran misericordia

En el abrazo de nuestro Padre Dios.


Santo Cura escucha la plegaria

Que este pueblo te eleva en su cantar

Te pedimos nos guíes hacia el cielo

Y tu ejemplo oriente nuestro andar.


Buen discípulo amado de Jesús

Que anunciaste su palabra con fervor

Catequista que contagia la esperanza

La alegría y confianza en el Señor.


Entusiasta y fiel hijo de la Iglesia

Que sembraste por doquier la comunión

Te pedimos nos ayudes cada día

A ser testigos servidores de este don.


Fuiste un cura entregado y generoso

Que saciaste en la oración tu sed de Dios

Que serviste a los más necesitados

Tus amigos, los pobres del Señor.


En María, pusiste tu mirada

Y el rosario fue refugio y tu bastón

Como en Ars, graba nuestros nombres

En su inmaculado corazón.


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Oración a San Juan María B. Vianney

Santo Cura de Ars, tú has hecho de tu vida una ofrenda íntegra a Dios para el servicio de los hombres; que el Espíritu Santo por tu intercesión, nos ayude hoy a responder, sin desfallecer, a nuestra vocación personal.





Tu m´ as montré le chemin d´ Ars, je te montrerai le chemin du ciel
Tu me has mostrado el camino de Ars, yo te mostraré el camino del cielo



Nuestro Templo




















Año Jubilar

Indulgencia Plenaria

Recordemos lo que nos dice el catecismo de la Iglesia católica, citando al Derecho Canónico[1],

sobre la indulgencia:

«La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos... Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias.»

El Siervo de Dios Juan Pablo II en 1999, en una catequesis, nos recordaba, como lo hiciera

también Pablo VI, el valor de la Indulgencia, que está ligada al sacramento de la penitencia y

fundamentalmente a la "misericordia de Dios":

«Jesús crucificado es la gran «indulgencia» que el Padre ha ofrecido a la humanidad, mediante

el perdón de las culpas y la posibilidad de la vida filial (cf. Jn 1, 12-13)

en el Espíritu Santo (cf. Ga 4, 6; Rm 5, 5; 8, 15-16).»[3]

Las penas son como las consecuencias del pecado. Pecar es quebrantar el orden intrínseco

de las cosas. Este desorden producto del pecado muchas veces tiene sus consecuencias para las personas que lo quebrantaron y a veces, lamentablemente, también para otros.

Señalaba Juan Pablo II, en la catequesis citada: «En ese contexto, la pena temporal expresa la condición de sufrimiento de aquel que, aun reconciliado con Dios, esta todavía marcado por los «restos» del pecado, que no le permiten una total apertura a la gracia. Precisamente con vistas a una curación completa, el pecador está llamado a emprender un camino de purificación hacia la plenitud del amor.»

Las indulgencias, lejos de ser una especie de «descuento» con respecto al compromiso deconversión, son más bien una ayuda para un compromiso más firme, generoso y radical.

Este compromiso se exige de tal manera, que para recibir la indulgencia plenaria se requiere como condición espiritual la exclusión «de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial»Por esto concluía Juan Pablo II: «Por eso, erraría quien pensara que puede recibir este don simplemente realizando algunas actividades exteriores. Al contrario, se requieren como expresión y apoyo del camino de conversión. En particular manifiestan la fe en la abundancia de la misericordia de Dios y en la maravillosa realidad de la comunión que Cristo ha realizado, uniendo indisolublemente la Iglesia a sí mismo como su Cuerpo y su Esposa.»

La obra prescripta para ganar esta indulgencia es la devota visita de una Iglesia u oratorio, en la que se rece el Padrenuestro y el Credo, añadiendo la confesión sacramental, (que puede ser anterior o, si hay motivos reales, posterior haciendo la obra prescripta con un acto de contrición perfecta), se debe agregar también la comunión eucarística y una oración pAñadir imagenor las intenciones del Sumo Pontífice.



viernes, 25 de septiembre de 2009

“Cuando los santos pasan, Dios pasa con ellos”


Bajo este lema nos vamos preparando para solemnizar este acontecimiento de gracia, que nos motiva la visita de las reliquias del corazón del Santo Cura de Ars, que estará entre nosotros el 7 y 8 del mes de Noviembre de este año.

Con alegría ponemos a disposición un sitio web donde encontrarán información e imágenes acerca de todo lo relacionado con este momento tan importante, al que invitamos a todos muy especialmente. http://uncorazonquelateporcristo.blogspot.com/

Compartimos también parte del itinerario de la estadía de las Reliquias a fin de que puedan organizar sus tiempos para acercarse, preparando el espíritu para meditar, imitar e incorporar las actitudes sencillas pero profundas y llenas del amor de Dios de San Juan María Vianney.

Sábado 7 de noviembre:
9:00 Hs.
Caravana acompañando las Reliquias desde el Seminario Diocesano hasta la Parroquia.
10:00 Hs. Llegada
- Solemne Misa
– Misas a las 13:00 – 15:00 – 17:00 Hs.
-Espacios de Oración – Reflexión - Confesiones –
-17;00 Hs. Actividades y Espacio para los chicos – Talleres
-19:00 Hs. Solemne Misa -
Dando comienzo a la Vigilia
21:00Hs. Representación Teatral
-Mini Recital Grupo de Jóvenes
-Galería de Fotos
- Momentos Fuertes de Oración .
- Fogón animado por grupos de Scout Diocesano
Y mucho, mucho más…..

Domingo 8 noviembre :
8:00 Hs. Solemne Misa – Despedimos las Reliquias

A la Parroquia San Juan María Vianney, Santuario de Oración por las Vocaciones sita en Kloosterman 1726 de la localidad de Monte Chingolo, partido de Lanús, se puede llegar con los siguientes medios de transporte:

Desde Estación Lanús: Colectivos: 526 – 278 “P” - 354 “B” – 281 “L” – 524
Desde Banfield: 278 “P”
Desde Avellaneda: 33 – 271 “A” -
Desde Quilmes: 281 “L”

Por cualquier consulta también pueden comunicarse al teléfono 4230-1801
O por E-mail:
uncorazonquelateporcristo@gmail.com
santocuradearschingolo@gmail.com

¡¡LOS ESPERAMOS A TODOS!!, porque cuando los santos pasan, Dios pasa con ellos, no perdamos esta oportunidad de recibir Alineación a la derechala gracia, que nos ayude a inhalar y a exhalar aroma de santidad.


Parroquia San Juan Maria Bautista Vianney