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viernes, 16 de octubre de 2009

“Los cristianos estamos obligados a utilizar

los mejores medios de comunicación a nuestro alcance en cada época

para difundir el Evangelio de Cristo”

Juan Pablo II

Trasmitir la palabra de Dios nos lleva a honrarle como El se merece,
dando a conocer su Misericordia y la Salvación que nos ha prometido!

Los santos, nos muestran que es posible vivir como Dios nos pide.

¡LA NUEVA LUZ DE LA IGLESIA MILITANTE!


Este título le ha sido conferido a Santa Filomena por San Juan María Vianney (El Santo Cura de Ars), heroico confesor y patrono de todos los párrocos, ejemplo de todo cristiano.

La pequeña ciudad de Ars, Francia, ha llegado a ser famosa a través de la santa vida y de las obras de este santo. Su alma especialmente escogida, escondía bajo las pobres vestimentas de humilde sacerdote, al apóstol más estupendo del siglo XIX. El quizás más que cualquier otro, atrajo la atención del mundo al poder de su Santa favorita entre todos los santos: Santa Filomena.

Debido al fervor de la devoción del Cura de Ars a Santa Filomena, y las numerosas curaciones y favores obtenidos por su intercesión, toda Francia pronto invocó su nombre. Cada diócesis tenía altares y muchas capillas e iglesias se dedicaron a ella. Pero la devoción a la santa no sólo fue en Francia. Los reyes, las reinas, los cardenales, los obispos, los sacerdotes, y muchos religiosos y fieles a través del mundo la aclaman como su patrona celestial.

Solamente Dios puede contar la cantidad de milagros hechos por Santa Filomena al pueblo de Ars. A todos los que le imploraban su ayuda, el Santo Cura siempre les respondía que debían ir y hablar con Santa Filomena. Era venerada en el altar más hermoso de su iglesia. Este sacerdote santo estableció con ella una amistad sencilla y mística y una familiaridad agradable y profunda. La llamaba su "intemediaria", su "chargée d' affaires", su "cónsul con Dios", y su "Santita" el título por el cual hoy es conocida.

• Los santos han sido hombres y mujeres con las mismas debilidades que cualquiera de nosotros. La única diferencia es que ellos han puesto esas debilidades en las manos de Dios.

• Por muy extraño que parezca, cada uno de nosotros está llamado a ser santo ahí donde Dios lo ha puesto.

• La santidad es el mejor negocio en el que podemos invertir, pues nos garantiza la felicidad, no para un día ni un año, sino para toda la eternidad.

• Para ser santos encontraremos muchos obstáculos que debemos vencer: nuestra pasión dominante, el desánimo, el agobio, el pesimismo, la rutina, el “aborregamiento” y las omisiones.

• Los mejores medios para alcanzar la santidad son la lucha continua, la oración y los sacramentos.


Con la oración todo lo podéis, sois dueños,
por decirlo así, del querer de Dios.
(Cura de Ars: Sermón sobre la perseverancia)

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